viernes, 1 de mayo de 2009

Un poco de lectura - Almacenamiento [PARTE 1]

Imagínese un cubo de cristal del tamaño de un dado. Imagine que puede almacenar allí algo más de 1 gigabyte (GB) de información. Para los estándares actuales, tal dispositivo sería obsoleto. Una llave de memoria casi igual de pequeña puede contener el doble o más que ese hipotético dado cristalino. Y sin lectora de ninguna clase: un puerto USB es suficiente.

Ahora imagine que es junio de 1998. Los discos duros en las PC convencionales con mucho esfuerzo rozan los 2 GB, aunque ya hay de más de 6, que cuestan 328 dólares (unos 430 dólares de hoy). Se empieza a hablar de alternativas y una de ellas es ese cubo holográfico que me muestran en el laboratorio Hawthorne (Nueva York), parte del Centro de Investigaciones Watson de IBM.

Es lógico: el rígido ha nacido en 1956, y por esa especie de pulsión tecnotanática que solemos exhibir, ya se le están tomando al hard drive las medidas para el féretro. Ahí mismo, en el museo del laboratorio, se expone el primero de su especie, el Ramac 350, con platos de 61 centímetros de diámetro. Cincuenta platos, para ser exactos, que albergaban 4,4 megabytes (MB). En su época, IBM lo arrendaba por 3200 dólares al mes.

Así que recuerdo ese cubo cristalino de 1 GB como una imagen de cine de ciencia ficción. Sin embargo, los discos rígidos siguieron ganando espacio y los herederos del Ramac 350 hoy llegan a los 2 terabytes (2 billones de bytes, es decir, un 2 seguido de 12 ceros; TB). Esto, en el mismo tamaño que los discos de 6 GB de 1998. Y a un precio menor: 300 dólares en Estados Unidos. Haciendo números muy gruesos, el costo del almacenamiento en disco se ha reducido más de 300 veces. Si se tratara de autos, podría comprarme 30 Ferraris al precio de un sedan familiar convencional. Y me sobraría la mitad del dinero (para el seguro, digamos?).

Así que, muy a pesar de los vaticinios, seguimos usando discos rígidos, y el abuelo Ramac 350 debe estar de lo más orgulloso, allá en el museo.


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